INTERVENCIONES PSICOLÓGICAS PARA LA PROTECCIÓN DE LA SALUD MENTAL EN EMERGENCIAS Y DESASTRES

Entrevista a Pedro Acuña Mercier

Actualmente Pedro Acuña Mercier es el Presidente del Colegio de Psicólogos de Chile, pero a su espalda lleva una larga trayectoria en el campo de la psicología en emergencias como miembro y ex presidente de la Sociedad Chilena de Psicología en Emergencias y Desastres SOCHPED. Además de psicólogo es Diplomado en salud mental en desastres por la Universidad Católica de Chile y consultor externo de la Unidad de Intervención en Crisis de la Asociación Chilena de Seguridad ACHS. La organización del XIII Congreso Internacional y XVIII Nacional de Psicología Clínica, que se celebrará en Santiago de Compostela en Noviembre, lo ha invitado para que imparta una ponencia sobre “Recomendaciones para la protección de la salud mental en emergencias y desastres”. 

ENTREVISTA

Sr. Acuña, Ud. ha sido presidente de la Sociedad Chilena de Psicología en Emergencias y Desastres SOCHPED durante muchos años. Aunque el propio nombre de la Sociedad ya nos indica cuál es su campo de conocimiento, ¿Podría explicarnos cuales son los objetivos de esta entidad?

 

La Sociedad Chilena de Psicología en Emergencias y Desastres (SOCHPED), es una organización científica, sin fines de lucro y autofinanciada gracias al aporte de sus asociados. Desde la fecha de su fundación -el 19 de marzo de 2004- su objetivo ha sido contribuir al desarrollo del estudio del comportamiento humano antes, durante y después de emergencias y desastres. Para ello, tiene como misión generar conocimiento psicológico especializado en el área, proponer espacios de intercambio científico/técnico de la especialidad y difundir este conocimiento proyectándolo tanto hacia la comunidad científica como a la sociedad en general. 


La SOCHPED cumplió quince años en marzo de 2019. Durante todo este tiempo Ud. estuvo trabajando en sus objetivos y participando en sus programas. De su experiencia en esta organización científica, ¿qué destacaría?

 

El grupo de profesionales que la conforma ha caracterizado a esta organización como un referente técnico para los y las colegas que requieren una guía profesional para desempeñarse en materias relacionadas a la psicología aplicada antes, durante y después de emergencias y desastres. Esto ha sido comprobado en múltiples ocasiones, en que debido a la ocurrencia de distintos tipos de eventos ha respondido con capacitación y guía para los respondedores. Dicho rol ha sido reconocido por los organismos oficiales como el Ministerio de Salud, la Oficina Nacional de Emergencias del Ministerio de Interior (ONEMI) de Chile, y otras instituciones de gran prestigio nacional.


Una pregunta que suele hacerse a los intervinientes en catástrofe es por su peor experiencia. Como ya he mencionado su experiencia en el campo de las emergencias es muy dilatada y, por tanto, el repertorio de situaciones a las que se ha tenido que enfrentar debe ser amplio. ¿Podría explicarnos cuál fue en su caso su peor experiencia?

 

Fue enfrentarse a un grupo de psicólogos y estudiantes de psicología que se presentaron a apoyar un evento sucedido en la región de Valparaíso, un incendio de gran magnitud, que hizo que se reunieran una cantidad aproximada de 3.000 voluntarios para atender una población afectada de casi 1.500 personas. Esto hizo que se produjera una segunda crisis, que fue la llegada de los intervinientes, sin la logística necesaria y sin la preparación necesaria. En ese momento se resolvió, junto a las autoridades, tener que devolver a sus hogares a casi la totalidad de los voluntarios desorganizados que llegaron al evento. Esto es lo que llamamos el “segundo desastre”, y que se puede ver graficado en otras situaciones, tales como: https://sochped.cl/noticias/451-27f-el-terremoto-de-chile-desde-la-perspectiva-de-un-psicologo-de-dichato

https://sochped.cl/index.php/noticias/223-psicologos-quedense-en-casa-nepal-no-los-requiere


Existe un artículo que se titula “¿Por qué los chilenos no corremos cuando hay un terremoto”. Este titular se debía a la tranquilidad con la que la mayoría de los chilenos que estaban en la redacción de BBC Mundo en Londres reaccionaron ante uno de estos eventos, lo que sorprendió a sus compañeros europeos. ¿De qué cree que depende la respuesta de una sociedad ante las catástrofes?

 

Quizás se deba a que las construcciones en Chile cumplen con la norma de construcción relacionada al evento sísmico del año 1960 (9.5 en la Escala de Richter), lo que hace que las construcciones sean muy resistentes a grandes movimientos telúricos. Por otro lado, Chile se encuentra ubicado sobre la unión de dos placas, lo que produce constantemente movimientos telúricos. Tal vez, hace que la población no se alarme constantemente debido a lo común de los eventos. Claramente los sismos y terremotos son parte de nuestra cultura. Nuestros padres y abuelos han vivido con dichos eventos; tanto así, que son incluidos en su biografía personal. En Chile es frecuente que la ocurrencia de terremotos se utilice como punto de referencia biográfico de vida. Se suma a todo esto, desde hace 10 años, el trabajo que ha realizado ONEMI, en cuanto a planes y programas de evacuación en la comunidad y en colegios y escuelas.


Desde que a finales del siglo pasado comenzara a hacerse visible el campo de la psicología en emergencias, esta rama del conocimiento ha ido nutriéndose de un cuerpo teórico y práctico abundante, aun así nos queda mucho por construir. ¿Cuáles son los mayores retos que la psicología de emergencia debe resolver en los próximos años?

 

Estimo que una de las tareas más importantes es colocar énfasis en la preparación de la población ante eventos disruptivos. Sabemos que tener un “buen antes” (etapas de prevención, y planificación), es ayuda de un buen “durante” (etapa de respuesta) y un mejor “después” (etapa de recuperación y rehabilitación). También nos falta trabajar más fuertemente como sociedad, en darle la real importancia que tiene la salud mental de la población, con políticas públicas que apunten hacia la prevención de enfermedades mentales con una Ley de Salud Mental, así como certificar la especialidad de psicología aplicada a emergencias y desastres. Hace 15 años eran muy pocos que entendían lo que era esta especialidad. En cambio, ahora, todos dicen ser expertos en emergencias y desastres, sin necesariamente tener formación o experiencia en ello.


En la SOCHPED se le da mucha importancia a la autoeficacia entendida como la percepción que tienen las personas de su propia capacidad para llevar a cabo aquellas conductas que son necesarias para lograr sus objetivos y para enfrentarse a las exigencias derivadas de situaciones estresantes. ¿Cómo nos ayuda esta característica a la hora de enfrentarnos a una catástrofe?

 

Según Hobfoll (2007), una de las premisas de la psicología en emergencias es fortalecer las redes de apoyo y lograr que las personas y las comunidades sean empoderadas para lograr mejorar su condición una vez que los equipos de intervinientes se retiren de la zona afectada. Si en la preparación de la respuesta a un evento lográramos entregar herramientas de afrontamiento, como lo son los mapas de riesgo, las cartillas de procedimientos ante un evento, entre otros recursos como la práctica de dichos procedimientos por parte de la población, sabemos que el durante la emergencia seria eficiente, evitando más daño en las personas, creando finalmente, comunidades resilientes.


Ud. está en contra de usar el debriefing como técnica para sacar a la luz tensiones, ansiedad o cualquier molestia que se derive de haber pasado por un acontecimiento traumático y permitir que los profesionales afectados puedan airearse emocinalmente, ¿por qué?


Lo que sucede es que últimas investigaciones dan cuenta que la aplicación de esta técnica puede generar más daño en los afectados. No en todos, pero en algunos sí. Y si sabemos que una técnica puede generar más daño en los afectados, es mejor no utilizarla, pudiendo utilizar otra. En respuesta a ello, la comunidad científica internacional propuso los “Primeros Auxilios Psicológicos” (PAP).


Entonces, ¿qué técnicas debe usar el psicólogo para prevenir la aparición de emociones desadaptativas en los profesionales (técnicos y voluntarios) de las emergencias?

La aplicación de primeros auxilios psicológicos ha demostrado ser una buena técnica. En Chile, la Universidad Católica ha desarrollado el primer modelo de intervención llamado el PAP-ABCDE de los primeros auxilios psicológicos, que está resultando ser una verdadera herramienta de apoyo al trabajo de los profesionales, ajustada a la población chilena. Este modelo de PAP resultó ser bastante efectivo en un estudio realizado en cinco centros hospitalarios de Santiago, donde se trabajó con personas afectadas por eventos potencialmente traumáticos.

También es recomendable el EMDR, pero eso es una vez ya teniendo un diagnóstico y cuando haya pasado un tiempo desde el evento potencialmente traumático.

La OPS nos entrega tres mensajes esenciales:

a. No pensemos solo en la psicopatología, sino también en la amplia gama de problemas de alto contenido social.

b. La necesidad de ampliación del campo de competencia de los profesionales de la salud mental.

c. Los problemas psicosociales pueden y deben ser atendidos -en gran proporción- por personal no especializado.


En relación con las catástrofes, con los conocimientos que poseemos sobre el comportamiento humano y su respuesta a situaciones estresantes, ¿no cree Ud. que los psicólogos debemos insistir en la prevención, en la “intervención” en la fase de preadvertencia para evitar en parte las respuestas desadaptativas?

 

Para los profesionales psicólogos que trabajan en emergencias es muy claro que una persona preparada, que una comunidad preparada, tendrán una mejor respuesta durante un evento crítico. Es por esta razón que un 60% o 70% de las acciones debieran estar destinadas a la preparación, planificación y entrenamiento para enfrentar una situación que se podría convertir en un desastre. 


En su primer día como Presidente del Colegio de psicólogos, Ud. manifestó su deseo de “reencantar” a sus asociados y a las nuevas generaciones de psicólogos ¿Cree que los Colegios de Psicólogos están pasando por una “crisis de utilidad”?

 

Creo que lo que realmente nos sucede a los psicólogos es que creemos fantasiosamente que “alguien” debe resolver los problemas que enfrentamos como profesionales. Me refiero a que pedimos que alguien haga algo para mejorar la situación laboral de los psicólogos, que alguien haga algo por poner en primer nivel de discusión las demandas del gremio. Sin embargo, este discurso de exigencias no está avalado por el propio esfuerzo por lograr los cambios demandados. Aquí pesa una cultura profesional afectada por un modelo neoliberal que pone el yo antes que el nosotros. En resumen, demandamos algo que no estoy dispuesto a trabajar para obtenerlo, lo que hace pedir cosas que mágicamente sucederán.

Si entendiéramos que los cambios parten en la propia persona antes que, en el colectivo, creo que entenderíamos que nadie nos va a regalar lo que queremos, sino que debemos trabajar para obtenerlo. Finalmente, la crisis de utilidad que pudiéramos estar enfrentando, estaría a nivel personal y no colectiva.

 

Su conferencia en el XIII Congreso Internacional y XVIII Nacional de Psicología Clínica versará sobre protección de la salud mental en emergencias y desastres, ¿Qué repercusión cree que va a tener la crisis del coronavirus en la salud mental a nivel mundial?

 

Tal como lo señala la OPS, una gran cantidad de enfermos y muertes y las impactantes pérdidas económicas en el contexto de una pandemia, generarán un alto riesgo psicosocial. Desde la perspectiva de la salud mental, una epidemia de esta magnitud implicará una perturbación psicosocial que va a exceder la capacidad de manejo de la población afectada. Esto deberá provocar que las autoridades de la atención en salud mental generen estrategias destinadas específicamente a disminuir la vulnerabilidad de los distintos grupos poblacionales, con énfasis a las relacionadas con el género, la edad, y el nivel socioeconómico. Existen también riesgos de origen ocupacional, tal como los propios miembros de los equipos de respuesta que trabajan en la emergencia, a los intervinientes en salud. El duelo no resuelto por la imposibilidad de efectuar ritos será fuente de algunas patologías. En Chile nuestras tasas en salud mental ya eran malas antes de la pandemia. Esto nos hace suponer que los servicios de salud estarán recargados de solicitudes de atención. Patologías más recurrentes serán episodios depresivos y las reacciones de estrés agudo de tipo transitorio. El riesgo de aparición de estos trastornos aumentará de acuerdo con las características de las pérdidas y otros factores de vulnerabilidad. En situaciones de emergencias también se ha observado, ocasionalmente, el incremento de las conductas violentas, así como el consumo excesivo de alcohol y la automedicación de antidepresivos y medicamentos para “dormir mejor”. Entre los efectos tardíos se reportan duelos patológicos, así como depresión, trastornos de adaptación, manifestaciones de estrés postraumático, abuso del alcohol u otras sustancias adictivas y trastornos psicosomáticos (OPS, 2020). También los patrones de sufrimiento prolongado se manifiestan como tristeza, miedo generalizado y ansiedad expresados corporalmente, síntomas que con frecuencia adquieren un carácter grave y de larga duración.

 

Durante esta pandemia, los psicólogos emergencistas se han volcado en el apoyo y tratamiento de los afectados con una acogida muy positiva por parte de las personas y grupos atendidos o asesorados. ¿Cree que esta actitud se mantendrá o volveremos a ser olvidados una vez más por los estamentos y la población?

 

He conocido de muy cerca el trabajo que las y los colegas psicólogos han estado realizando, muchos de ellos en carácter de voluntarios, efectuando contención psicológica basada en los PAP, sin embargo, las autoridades no han logrado definir qué sucederá con aquellos pacientes que deben ser derivados a atenciones en tercer nivel. Si bien es cierto, la población apoyada por este tipo de operativos está muy agradecida de esta entrega profesional, también impacta la lentitud de las autoridades por fortalecer la salud pública. De mantenerse esta situación, posiblemente con el tiempo, si no cambiarán las políticas referidas a los programas de salud mental, que a la fecha se han basado en una respuesta de apoyo medicamentoso como gran pilar de la recuperación de la salud mental, hará que se mantengan o aumenten las tasas de enfermedades mentales. También, debemos entender que para la recuperación de la población se requiere la activación de equipos multidisciplinarios que logren entregar apoyo desde diferentes ámbitos, como lo social y lo comunitario. Y claramente se debe trabajar en mejorar las condiciones laborales de los y las psicólogas en la red de salud primaria que, a la fecha, no es acorde a la dignidad de la profesión.

 

 

Las palabras de Acuña nos permiten afirmar que la psicología en emergencias tiene un laborioso futuro que se ha visto acelerado por el coronavirus. Falta, como apunta, el reconocimiento de los responsables de las políticas sociales, pues como solemos decir sobre nuestro trabajo, somos “olvidados en la calma, demandados en la desgracia”.